ELIANA TRIAS. El primer partido de Champions del Villarreal como local se convirtió en una auténtica fiesta grogueta no solo por el resultado (3-1) sino por el ambiente antes del pitido inicial ante el Nápoles. Organizada por Villarreal Fans, la afición marchó unida hasta el Estadio de la Cerámica para acompañar la llegada del equipo. Humo amarillo, bengalas, bufandas y cánticos continuos crearon un ambiente inolvidable, con la ilusión de que la Champions volviera a ser una noche especial en casa.
La afición no se conformó con arropar la llegada del Submarino. Antes se desplazó al córner para mantener la presión desde la grada, convencida de que aquel empuje podía ser el primer gol del equipo en una cita tan exigente. Con tifos y gritos de animación de fondo el equipo salía al campo buscando la primera victoria en Champions.
El inicio no podía ser peor para los locales. El Nápoles, ordenado y directo, encontró la mayor recompensa en una jugada de estrategia: un saque de esquina terminó en remate de Rrahmani, que tras el rechace no perdonó para adelantar a los italianos en el minuto 8’.
El golpe podría haber descompuesto al Villarreal, pero el equipo de Íñigo Pérez respondió con personalidad. Y llegó la reacción. En el minuto 23’, Matteo Politano cometió un error garrafal en una cesión hacia su portero; Georges Mikautadze robó el balón, regateó a Milinkovic-Savic y marcó a puerta vacía desde un ángulo complicado. El 1-1 devolvió la fe a un estadio que empezaba a creer de nuevo.
Tres minutos después, La Cerámica estalló. Santiago Mouriño recibió desde la frontal del área y conectó un disparo seco, potente y colocado que se alojó en la escuadra. Era el 2-1, un gol de esos que cambian el ánimo de un partido y que dejaba al Villarreal por delante antes del descanso.
En la segunda mitad, el Nápoles intentó reaccionar, pero se encontró con un Villarreal más sólido, ordenado y convencido de su plan de juego. Los italianos tuvieron momentos de presión, aunque sin la claridad necesaria para inquietar de verdad la portería local.
La sentencia llegó en el minuto 86’, con una jugada de los suplentes. Ayoze Pérez participó en la acción y Tani Oluwaseyi aprovechó el rechace para fusilar desde la frontal y establecer el 3-1 definitivo. El tanto desató la celebración y cerró una noche redonda para el conjunto amarillo, con el equipo acercándose al córner para celebrar la victoria con una afición entregada durante todo el encuentro.
Con este resultado, el Villarreal no solo suma sus primeros tres puntos en la Liga de Campeones, sino que también rompe una racha de siete derrotas consecutivas en la competición y recupera su imagen competitiva.

